Becerrillo, el héroe canino de la conquista de América

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La conquista del continente americano es uno de los hitos históricos más importantes de la historia de la humanidad y España fue el principal protagonista.
Entre sus filas destacaron grandes conquistadores como Hernán Cortés o Francisco de Orellana, pero también hubo un sinfín de héroes anónimos que tuvieron un papel fundamental. Hoy, en nuestra sección de Perros Insignia vamos a presentaros a Becerrillo, el perro conquistador.

Este can era un alano español, una raza de presa con origen en nuestro país y que proviene del cruce entre el dogo y el mastín. Es una raza musculosa y corpulenta con unas características orejas de pequeño tamaño.

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A los perros se les colocaba ornamentación que incrementaba su aspecto fiero

El amo de Becerrillo fue Alonso de Salazar, descubridor de las islas Marshall y sorprendió desde el primer momento a los nativos sudamericanos debido a su fiereza, lo que difería notoriamente del resto de perros ya existentes en aquel continente. Este aspecto terrorífico le hacía especialmente útil para la guerra, ya que amedrentaba a los contrincantes tan solo propinando sus sonoros ladridos. Un historiador soriano, Francisco López, escribió que Becerrillo era un perro bocinegro y bermejo, y que podía distinguir a los amigos de los indígenas durante la lucha, lo cual denota una gran inteligencia por parte del perro.

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Perro alano español en la actualidad

Como nota curiosa, hay que remarcar que este can estaba tan bien considerado entre las filas españolas que recibía más ración que otros soldados, pero a ningún combatiente celoso se le hubiera ocurrido envenenarle o algo por el estilo ya que era el mejor compañero para llevar al lado en el caso se encontrarse rodeados por el enemigo.

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Becerrillo fue enterrado con honores de soldado

Cuenta la leyenda que una de sus grandes hazañas sucedió minutos antes de fallecer. Al parecer, varios líderes españoles estaban en una hacienda reunidos, entre ellos el propio Alonso de Salazar, cuando fueron rodeados de forma inesperada por indígenas y tras un asalto rápido y certero resultaron presos.
Becerrillo los liberó asustando a los indios y haciéndoles huir. Esto no terminó aquí, ya que les persiguió por la jungla hasta la orilla del mar, en donde los atemorizados nativos se refugiaron en las canoas creyendo que este hecho le haría desistir definitivamente en su empeño por darles caza. Sin embargo, Becerrillo se lanzó al agua y a nado trató de alcanzar las barcas. Una vez en el agua, una flecha envenenada se le clavó en un costado, causándole la muerte al cabo de unas horas. Fue enterrado con honores de soldado de alto rango y, como durante la reconquista se hiciera con el Cid, el fallecimiento del can se mantuvo en secreto durante un tiempo para que los indios siguieran temiendo que apareciese en mitad de la batalla de nuevo en el momento menos esperado.

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